martes, 21 de febrero de 2012


EL ENCANTADOR DE PERROS
Nanán era un perrito precioso pero demasiado travieso, sus dueños le querían mucho y le daban mucho cariño, les daba mucha pena cuando se comportaba mal y no sabían qué hacer para que cambiara su comportamiento.
Nanán era experto en morder muebles, hacer pipí en la alfombra del salón, cuando paseaba por la calle ladraba a todo, gruñía a la gente, y cuando pasaba por un lugar donde había niños, ya no aguantaba más y parecía una bestia en vez del mejor amigo del hombre, si esos niños tenían un balón, en cuanto Nanán llegaba, el balón ya no era un balón, era como media naranja cuando la has exprimido para hacer un zumo y nadie podía acercarse a él, y lo peor de todo era que los niños lloraban porque ya no tenían balón y él ladraba por encima de sus lloros.
Así que sus dueños decidieron llamar al encantador de perros, para que les ayudara. Entonces, el encantador de perros le hizo un conjuro, porque era brujo, y convirtió a Nanán en un PUERCOESPINPERRO, seguía siendo un perro, porque seguía ladrando, pero su pelo se convirtió en púas y , además en el conjuro, incluyó que nuestro protagonista no tuviera dientes, ni rabo,¡perdió su hermoso rabo!. Así que pobre Nanán, sus dueños no le podían tocar, porque pinchaba, se terminaron los mimitos, a los balones no les podía morder porque no tenía dientes, y cuando iba a hacer pipí en la alfombra y levantaba la patita le dolía se clavaba una puita, cuando salía todos los perros lloraban, pero de risa, y en el parque los niños huían, y como él no podía correr porque las púas pesaban más que lo que pesaba su hermoso pelo, no conseguía quedarse con un balón. ¡Pobre vida la de Nanán! Estaba muy triste, pero le vino bien para pensar, que no debía comportarse mal, ni en casa ni en la calle, ahora que se había dado cuenta, de cómo se debía comportar, no le serviría de nada, pues ya no le quedaba nada: ni el cariño de sus dueños, ni balones, con esa pinta nunca iba a poder hacer amigos, y sus dueños ya no le tocarían nunca la cabecita ni le harían cosquillas en la barriguita.
Cuando a la mañana siguiente despertó, el encantador de perros apareció y le preguntó:
¿Has aprendido la lección? Claro que la había aprendido, y desde ese día Nanán volvió a ser un perro, pero un PERRO ENCANTADOR gracias al ENCANTADOR DE PERROS.


CARMEN RODRÍGUEZ RIVAS, 5ºB

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